¡SEÑOR, tú has sido nuestra morada de generación en generación!2 ¡Antes que naciesen las montañas, o tú produjeras la tierra y el mundo, y desde la eternidad hasta la eternidad, tú eres Dios!3 Tornas al hombre en polvo, y dices: ¡Volveos a la tierra, hijos de Adam!4 Porque mil años son a tu vista como el día de ayer, que ya pasó, y como una vigilia de la noche.5 Los arrebatas como avenida de aguas; son como un sueño a la mañana; son como la hierba que pasa.6 Por la mañana florece, y pasa; pues a la tarde es segada, y se marchita.7 Porque en tu ira desfallecemos, y con tu indignación estamos aterrados.8 Has puesto nuestras iniquidades delante de ti, nuestros pecados más secretos a la luz de tu rostro.9 Porque todos nuestros días se van pasando en tu ira; acabamos nuestros años como un suspiro.10 Los días de nuestros años son setenta años; y si a causa de mayor vigor alcanzan a ochenta años, aun así su jactada pujanza es afán y trabajo; porque presto se nos arrebata, y volamos.11 ¿Quién conoce el poder de tu ira, y, según tu temor, tu indignación?12 Así enséñanos a contar nuestros días, y alcanzaremos un corazón dotado de sabiduría.13 ¡Vuelve, oh Jehová! ¿hasta cuándo tardarás? ¡y duélete de tus siervos!14 ¡Hártanos presto de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos en todos nuestros días!15 ¡Alégranos conforme a los días en que nos has afligido, y a los años en que hemos visto males!16 Manifiesta tu obra a tus siervos, y sobre los hijos de ellos aparezca tu gloria:17 y sea la hermosura de Jehová nuestro Dios sobre nosotros; y la obra de nuestras manos confirma sobre nosotros; sí, confirma tú la obra de nuestras manos.