¡ESCUCHA, pueblo mío, mi ley, inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca!2 Abriré mi boca con una parábola, hablaré problemas respecto de los tiempos antiguos;3cosas que hemos oído y entendido, y nuestros padres nos han contado.4 No las encubriremos a sus hijos, sino contaremos a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y las maravillas que él ha hecho.5 Pues estableció un testimonio en Jacob, y ordenó una ley en Israel, la cual mandó a nuestros padres, que la diesen a conocer a sus hijos;6 para que sepa la postrera generación, y los hijos que han de nacer levantándose la cuenten a sus hijos;7 a fin de que pongan en Dios su confianza, y no olviden las obras del Todopoderoso, sino guarden sus mandamientos;8 y no sean como sus padres, generación contumaz y rebelde, generación que no dispuso su corazón, y cuyo espíritu no fué leal para con Dios.9 Los hijos de Efraim, arqueros armados, volvieron las espaldas en el día de batalla.10 No guardaron el pacto de Dios, y rehusaron andar en su ley;11 y se olvidaron de sus obras, y de las maravillas que les había mostrado.12 Delante de sus padres hizo cosas asombrosas en la tierra de Egipto, en el país de Soán.13 Partió la mar, y dejó a ellos pasar; e hizo elevarse las aguas cual montón.14 Los condujo también con nube de día, y toda la noche con resplandor de fuego.15 Hendió peñas en el desierto, y dióles a beber como de abismos grandes.16 Así sacó torrentes de la peña, e hizo descender aguas como ríos.17 Empero ellos tornaron aún a pecar contra él, rebelándose contra el Altísimo en el yermo.18 Y tentaron a Dios en su corazón, pidiendo comida a su gusto.19 Y hablaron contra Dios, diciendo: ¿podrá Dios ponernos mesa en el desierto?20 He aquí, hirió la peña, y brotaron las aguas, y torrentes inundaron la tierra: ¿podrá también dar pan? ¿podrá suministrar carne para su pueblo?21 Por tanto, al oír esto, Jehová se indignó; y encendióse fuego en Jacob, y subió de punto la ira contra Israel;22 por cuanto no creyeron en Dios, ni confiaron en su salvación.23 Esto no obstante, mandó las altas nubes, y abrió las puertas del cielo,24 y llovió sobre ellos maná para comer, y dióles del trigo del cielo.25 Pan de ángeles comió el hombre; envióles comida hasta la hartura.26 Movió también el solano en el cielo, dirigió con su poder el austro;27 y llovió sobre ellos carne como polvo, y aves aladas como arena del mar:28 y las dejó caer en medio de su campamento, alrededor de sus habitaciones.29 Así comieron, y se hartaron bien; pues él les cumplió su deseo.30Pero no se habían apartado afín de su codicia, todavía su vianda estaba en su boca,31 cuando vino sobre ellos la ira de Dios, y mató a los más robustos de ellos, y derribó a los escogidos de Israel.32 Con todo esto siguieron pecando aún, y no creyeron a pesar de sus maravillas.33 Por tanto consumió sus días en vanidad, y sus años en espanto.34 Cuando los iba matando, entonces le buscaban; volvían también y preguntaban solícitos por Dios;35 y acordábanse de que Dios era su Roca, y el Dios Altísimo su Redentor.36 Mas le lisonjeaban con su boca, y con su lengua le mentían.37 Pues su corazón no era recto con él, ni estuvieron firmes en su pacto.38 Empero él, el Misericordioso, perdonaba la maldad, y no los destruyó; y muchas veces apartó su indignación, y no quiso despertar toda su ira.39 Porque se acordó de que eran carne, soplo que se va, y no vuelve.40 ¡Cuántas veces le resistieron en el desierto, y le enojaron en el yermo!41 Así volviéronse atrás, y tentaron a Dios, y limitaron al Santo de Israel.42 No se acordaron de su mano, ni del día que los redimió del adversario;43 cuando obró en Egipto sus señales, y sus maravillas en el país de Soán;44 y convirtió sus ríos en sangre, sus corrientes también, para que no bebiesen.45 Envió entre ellos tábanos que los comieron, y ranas que los destruyeron.46 Y entregó sus frutos a la oruga, y sus labores a la langosta.47 Destruyó sus viñas con granizo, y sus sicómoros con hielo.48 Entregó al pedrisco sus bestias, y sus ganados a los rayos.49 Envió sobre ellos el ardor de su ira; indignación, y saña, y angustia; misión de ángeles de mal.50 Enderezó camino para su ira; y no detuvo de la muerte el alma de ellos, sino entregó su vida a la peste;51 e hirió a todo primogénito en Egipto, las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam.52 E hizo partir, como hato de ovejas, a su pueblo; llevólos, como rebaño, por el desierto.53 Y guiólos con seguridad, de modo que no tuvieron temor: mas a sus enemigos los cubrió la mar.54 Y los trajo a su territorio santo, a esta serranía que adquirió su diestra.55 Echó también naciones delante de ellos, y repartiólas, con cordel, como herencia suya; y en las tiendas de ellas hizo habitar a las tribus de Israel.56 Empero tentaron y se rebelaron contra el Dios Altísimo, y no guardaron sus testimonios:57 sino apartáronse, y se hicieron desleales como sus padres: volteáronse como arco engañoso.58 Y enojáronle con sus altos, y provocáronle a celos con sus esculturas.59 Oyó Dios, e indignóse; y aborreció en gran manera a Israel:60 Y dejó la Habitación de Silo, el Tabernáculo donde había habitado entre los hombres;61 y entregó el arca de su fuerza al cautiverio, y su gloria en mano del enemigo.62 Abandonó también su pueblo a la espada; y airóse contra su herencia.63 Devoró el fuego a sus mancebos, y sus vírgenes no fueron pedidas en matrimonio.64 Sus sacerdotes cayeron a espada, y sus viudas no hicieron lamentación.65 Entonces, como un dormido, despertó el Señor, como valiente que da voces a causa del vino:66 e hirió hacia atrás a sus enemigos; los cubrió de afrenta perpetua.67 Además, desechó la tienda de José; y no escogió la tribu de Efraim:68 sino escogió la tribu de Judá, al Monte de Sión que él amó.69 Y edificó su Santuario como alturas, como la tierra, la que cimentó para siempre.70 Escogió también a David, su siervo, y tomóle de las majadas de las ovejas;71 de seguir tras las paridas le trajo, para apacentar a Jacob, su pueblo, y a Israel, su herencia.72 Así los apacentó conforme a la integridad de su corazón, y con la habilidad de sus manos los pastoreó.