CIERTAMENTE Dios es bueno para con Israel, para con los puros de corazón.2 Pero en cuanto a mí, casi se apartaron mis pies, poco faltó para que resbalaran mis pasos.3 Porque tuve envidia de los soberbios, al ver la prosperidad de los inicuos.4 Porque no hay ataduras en su muerte, antes su fuerza se mantiene vigorosa.5 No pasan trabajos como los otros mortales, ni son azotados como los demás hombres.6 Por tanto la soberbia les ciñe el cuello como cadena de oro; se visten de violencia como de un manto.7 Los ojos se les saltan de gordura; tienen más de lo que puede desear el corazón.8 Se mofan, y hablan con maldad de hacer violencia; hablan con altanería.9 Ponen contra el cielo su boca, y su lengua pasea la tierra.10 Así pues Dios hace tornar a su pueblo aquí; y aguas amargas en abundancia son apuradas por ellos.11 Y dirán: ¿Es posible que sepa Dios? ¿y podrá haber conocimiento de esto para con el Altísimo?12 ¡He aquí, éstos son inicuos; mas prosperan de continuo, aumentan sus riquezas!13 Completamente en vano es que yo haya limpiado mi corazón, y lavado mis manos en inocencia;14 pues que he sido azotado cada día, y castigado todas las mañanas.15Mas si dijere: Hablaré de este modo; he aquí, me portaría falsamente para con la generación de tus hijos.16 Meditaba, pues, para saber esto; pero fué demasiado trabajoso para mí,17 hasta que entré en el Santuario de Dios, y entendí el paradero de ellos.18 ¡Ciertamente los has puesto en deslizaderos! ¡ya los dejas caer en destrucciones!19 ¡Cómo han sido asolados! ¡cuán en un punto! ¡acabáronse; fenecieron con terrores!20 Como sueño del que despierta, así, oh Señor, cuando despertares, despreciarás sus apariencias.21Mas era que se me había agriado el corazón, y en mi interior yo mismo me laceraba.22 Y era un ignorante, y no entendía; como una bestia era delante de ti.23 Sin embargo, yo siempre estoy contigo; tú tienes asida mi mano derecha.24 Me guiarás con tu consejo, y después me recibirás en la gloria.25 ¿A quién tengo en el cielo sino a ti? y comparado contigo nada quiero en la tierra.26 Mi carne y mi corazón desfallecen; pero Dios es la fortaleza de mi corazón, y mi porción para siempre.27 Porque, he aquí, los que se alejan de ti perecerán; destruyes a todo aquel que rompe tu pacto.28 Pero yo hallo mi bien en acercarme a Dios; he puesto mi confianza en Jehová el Señor, para poder contar todas tus obras.