¡LEVANTO mis ojos a ti, que estás sentado en los cielos!2 He aquí, como los ojos de los siervos miran a la mano de sus señores, y como los ojos de una criada, a la mano de su señora; así miran nuestros ojos a Jehová nuestro Dios, hasta que tenga misericordia de nosotros.3 ¡Ten misericordia de nosotros, oh Jehová! ¡ten misericordia de nosotros! porque estamos muy hartos de desprecio.4 Muy harta está nuestra alma del escarnio de los descuidados, y del desprecio de los soberbios.